9 - Reflexiones sobre "ese ego". Identificados con nuestro pequeño yo.

9 – Seguimos reflexionando sobre «ese ego».

Sí, ese ego que nos da tanta guerra.

Seguimos reflexionando sobre «ese ego». Identificados con nuestro pequeño yo.


En la “pista” anterior decíamos que vivimos en el ego cuando nos identificamos con nuestros pensamientos, con nuestra familia, con nuestro trabajo, nuestros bienes, nuestra historia, nuestros éxitos, o con el mundo que nos rodea…

El ego consiste en pensamientos y emociones, en un puñado de recuerdos con los que te identificas como “yo y mi historia”; en papeles habituales que desempeñas sin saberlo;

En identificaciones:

-Colectivas como la nacionalidad, la religión, la raza, la clase social o la filiación política.

-Personales como posesiones, opiniones, apariencia externa, sentimientos duraderos o conceptos de ti mismo: soy mejor que… o no tan bueno como.., etc.

El contenido del ego varía de unas personas a otras, pero en el fondo, todos son iguales: viven y se nutren de la identificación y la separación.

La palabra “identificación” viene del latín ídem, que significa “lo mismo”, y facere, que significa “hacer”. Así que, cuando me identifico con algo, lo hago lo mismo que yo. Lo doto de un sentido del yo, tan igual a mí, que pasa a formar parte de mi identidad y, aún más, a convertirse en mi “identidad”. Te puedes identificar con tus pensamientos, tus cosas, tus títulos, tu fama, tu trabajo… No importa con qué te identifiques; puedes haber renunciado a todas tus posesiones y, sin embargo, estar identificado con tu inteligencia, con tu cuerpo o imagen, con tus emociones; con quedar bien delante de todos, etc. Todo lo que el ego busca, y a lo que se siente apegado, son sustitutos del SER.

Durante miles de años la humanidad se ha identificado con la mente y, al identificarse con ella, cobró existencia un falso sentido del yo: “pienso, luego existo”. Esto ha llevado a la mayoría de las persona a vivir apartadas de lo que son. Nos hemos reducido a la cabeza, al pensamiento, a las ideas, pero a Dios no lo encontramos en nuestra cabeza; todo lo que hallamos ahí es una idea de Dios que nos servirá, incluso, para reforzar ese modo de funcionar alejado de quienes somos en realidad.

Si nos identificamos con el pensamiento, estaremos a mucha distancia de nuestro centro vital, instalados en una capa de protección, incapaces de sumergirnos en el Misterio que nos envuelve y nos trasciende.


Para reflexionar:

Necesitamos ser conscientes de ese condicionamiento mental y liberarnos de él. Pero, ¿cómo?

  • El primer paso consiste en la aceptación lúcida y humilde de hasta qué punto solemos vivir identificados con nuestro pequeño yo y, en consecuencia, egocentrados. Únicamente a partir de este primer reconocimiento será posible iniciar un proceso de desidentificación progresiva.

Reflexiones sobre «ese ego». Identificados con nuestro pequeño yo.